Monday, November 29, 2004

Días de la Cabaña

A los 18 años formalizó con la actuación y decidió inscribirse en el ENAD. Durante 4 años, todos los días se dirigió a la cabaña. Estas instalaciones serían testigos de sus monólogos, de sus penas, sus amores, de buena parte de su vida.
La experiencia ya la tenía, pero siempre “había algo nuevo por conocer”. La calle le había enseñado mucho, pero ahora la academia lo iba a formar y dar un título.

Friday, November 26, 2004

La Gran Marcha

Pero como desde pequeño se tomaba las cosas en serio. No tardo mucho tiempo en dar alas a ese sueño y junto a su gran amigo, hoy director, Jorge Rodríguez fundó el grupo teatral “La Gran Marcha” a los 13 años.

De La Balanza saltaron a las escuelas, barrios aledaños y comunidades campesinas del país. Ese fue el primer paso para realizar su meta. Como primeras obras realizan dos montajes: “El desocupado” y “Teodoro”. En el camino encontraría la asesoría de la profesora de quien no recuerda más que su sobrenombre: Chami.

Comenzó a abrir cada vez más las alas, su cuerpo comenzó a liberarse del suelo y desafiando las leyes de la gravedad, los saltos y piruetas comenzaron a alcanzar el cielo en el espectáculo acrobático callejero “Relatos” bajo la dirección de Juan Ayala.

Su trabajo en la Gran Marcha durará muchos años y producirán varias obras como “El Paracas”.

Thursday, November 18, 2004

La Balanza: El Barrio que lo vio crecer

A la altura del km 11 de la Túpac Amaru, en un empinado cerro de Comas, se ubica La Balanza. En ese barrio se encuentra el hogar de Marco Esqueche; aunque, en realidad, pase más parte del año viajando por Sudamérica.

Las calles de La Balanza vieron juguetear a ese pequeño con las ganas de ser artista, parar con el grupo de amigos, ayudar a las señoras con los paquetes del mercado y a ser feliz.

En La Balanza, Marco pensaba en cómo sería su vida. Entre las calles empinadas Marco soñó con ser actor y los cerros vieron a ese niño con cara sucia y con zapatos rotos emular los textos clásicos del teatro y fue un“Romeo” sin Julieta o un “Segismundo” libre que correteaba por las pistas sin asfaltar del cerro de Comas. Imaginaba los escenarios que pisaría, en todos los países que viajaría.

Ahora, La Balanza espera cada año la llegada de Marco. Las calles de su barrio fueron testigo de sus proyectos y sus ejecuciones, de su trayectoria y guardan el secreto de su destino.